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La Caldera está camino de Jujuy, es un pueblo muy pintoresco

La imagen del TÍO, como se denomina al diablo, es motivo de culto en todo el ámbito minero de Bolivia.
Algunos dicen que es pequeño, casi un enano, y que sus ojos rojos brillan en la oscuridad como los de un gato. Su tez es blanca, igual que su barba; tiene cuernos que los usa para excavar en busca de mineral, del que es dueño y celoso guardian.
Cuentan que viste de minero y que posee todas sus herramientas hechas completamente de oro. En ocasiones puede adoptar el aspecto de un hombre corriente, mezclándose con el resto de los trabajadores y pasando desapercibido; otras versiones dicen que puede convertirse en animal: sapo, víbora o perro negro.
Su pene, de enormes dimensiones, es otro de sus atributos. Tiene un carácter inestable y ambiguo; puede ser bueno y generoso por momentos, como maligno y avaro en otros. Siempre poderoso, de él depende el éxito o el fracaso de la mina. Como Señor de la Oscuridad tiene la facultad de dar y quitar a voluntad; congraciarse con quienes lo respetan y enfurecerse con quienes lo ignoran.
El TÍO representa, en el imaginario minero del altiplano boliviano, al ser sobrenatural más importante, activo, respetado y temido entre la gente.